JUAN MARÍA DE LA MENNAIS

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Nace el 8 de septiembre de 1780 en Saint-Malo, pequeña ciudad del noroeste francés. Su padre es un rico armador, su madre pertenece a una familia de magistrados.

Ya en la temprana adolescencia comienza a mostrar el temple de su alma. Son los días de la Revolución francesa y Juan María se juega el tipo para ayudar a los sacerdotes que ejercen su ministerio en la clandestinidad.

A los veinticuatro años, él también lo es. Comienza una actividad portentosa, incansable y múltiple. Está al mismo tiempo -como se ha escrito de él- "en el centro y en la circunferencia de todos los problemas". Y uno de sus adversarios tiene que confesar: "¡Qué hombre éste! Si se le echa del piso, se baja al sótano y si se le expulsa del sótano se refugia en el desván."

Gobierna durante cinco años la diócesis de Saint-Brieuc, en calidad de Vicario Capitular y ocupa cargos relevantes en otras diócesis de Francia.

Desde un puesto muy importante del ministerio de Cultos, presenta a sus superiores el nombramiento de cuarenta obispos que serán piezas decisivas en la renovación de la Iglesia francesa del siglo XIX.

A él mismo le ofrecen repetidamente la mitra. Declina siempre el honor porque cree que Dios le quiere junto a sus Hermanos.

Además de numerosas asociaciones de seglares, funda tres Congregaciones religiosas: Hijas de la Providencia, Hermanos de la Instrucción Cristiana (Menesianos) y Sacerdotes de San Pedro.
Esta última, -una Compañía de Jesús del siglo XIX, como la ha llamado Daniel Rops- se disuelve a los seis años de nacer, sacudida por el trágico destino de su hermano Feli, escritor y filósofo, defensor de la fe, primero, alejado de la Iglesia, después.

Es el vía-crucis de Juan María: incomprendido, humillado, acosado..., le golpean dolores "vastos como el mar".

Pionero de la libertad de enseñanza. Que se favorezca la competencia legal, clamó una y otra vez, porque es fuente de vida y de progreso.

El monopolio del Estado, mata. La libertad vivifica y fecunda todo cuanto toca.

Condecorado por el gobierno francés con la Cruz de "La Legión de Honor" en reconocimiento de sus servicios a la juventud de Francia y de las colonias.

Aunque combate en muchos frentes, sus mejores energías están al servicio de los niños y de los jóvenes, especialmente de los más abandonados.

Hombre de gran corazón y encanto personal. De talante abierto y acogedor. De inteligencia singular, pero que no desdeña en ceñir especulaciones y teorías a la humilde realidad del terreno que pisa.

Civilizador ilusionado y apóstol abrasador, pero antes, hombre de oración y profunda vida interior.

Deja a sus Hermanos un doble testamento:

DIOS SOLO y ANUNCIAR A JESUCRISTO.

El 15 de diciembre de 1966 y tras estudiar largamente su vida y escritos, la iglesia proclama oficialmente que "Juan María de la Mennais practicó en grado heroico las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; y las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Y las virtudes a ellas anexas".